
“Hasta hace una semana yo era una chica que pasaba por el mundo creyendo que las cosas que había en él eran así y no se podía hacer nada para cambiarlo: la pobreza, la droga, el desamparo, el dolor, las muertes de inocentes, el frío en los huesos de un anciano en la calle…No es que yo pensara que no se pudiera hacer nada por cambiarlo, pero creía que para ello era necesario tener un gran poder económico y espiritual para quitar todo lo malo que hay en él y mostrar toda su belleza.
Pero como he dicho antes, esto lo pensaba hace una semana.
Un día estaba preparándome la cena cuando llegó una de mis compañeras de piso y me comentó que había un congreso en el Hotel NH Convenciones donde por pasar la jornada entera daban un crédito de libre configuración para la carrera…Nos informaron brevemente de quienes eran los ponentes y del tema que iban a tratar cada uno de ellos. Sinceramente, no conocía a ninguno, pero sentí una gran curiosidad por saber qué me iban a aportar cada uno de ellos aquel día….
Sobre las 9.00 inauguraron el Congreso, haciendo una breve presentación y dándonos la bienvenida a todos los jóvenes que estábamos allí. A continuación se dio comienzo a la primera ponencia, la de Jaume Sanllorente.
Esta ponencia, personalmente, fue la que más me impactó: este joven se presentó a nosotros relatándonos cómo había llegado a viajar a la India y fundar Sonrisas de Bombay.
Por puro azar, viaja a la India para tomarse unas vacaciones a causa de la estresante vida que llevaba en Barcelona. Durante su viaje quedó impactado por el contraste que vio en sus ciudades: calles de altos edificios y lujosas mansiones rodeados de miseria, pobreza y tristeza. Indignado con esta situación no fue capaza de quedarse con los brazos cruzados e intentó hacer algo por aquellas personas. Se informó y entró en distintos barrios de Bombay viendo prostitución infantil, amputaciones, mafias, moribundos, hambre, enfermedades de todo tipo…y se dio cuenta que los grandes afectados eran los más indefensos, los niños. Se enteró de que había un orfanato a las afueras de Bombay con 40 niños y quiso ir a visitarlo. Cuando llegó allí le dijeron que en siete días lo cerraban y que los niños que allí vivían serían de nuevo arrojados a las calles. Entonces, se dio cuenta que tenía que hacer algo al respecto por aquellos niños. Volvió a Barcelona y reunió todo el dinero posible para viajar de nuevo a Bombay y comprar el orfanato. Así lo hizo y desde entonces vive allí con ellos. Ya no son 40 niños sino unos 3.000 los que han sido sacados de las calles o rescatados de las mafias. Por esta causa Jaume está amenazado de muerte. Entre otras cosas, Jaume nos contó que lo que más le gratificaba era una sonrisa de aquellos niños y que no le importaba ser asesinado por una de esas mafias, mientras que hubiera una de esas sonrisas.
“Para Jaume sonreír tiene una gran importancia, al igual que mirar a los demás a los ojos, y no comprende que en una cultura occidental, el que va por la calle sonriendo es porque debe estar loco o es raro. Un día en una cena con autoridades importantes en la que todos vestían con traje Jaume asistió con ropa normal, por ello hubo alguien que le dijo que su jefe debía pagarle una miseria para tener que vestir con esa ropa, por esto Jaume estuvo toda la cena serio. Cuando le preguntaron por qué había estado toda la cena serio él contestó: Mis jefes me pagan con sonrisas, si para usted eso es una miseria, cómo le voy a dar yo a usted una miseria”.
Otra anécdota de Jaume fue cuando los niños le preguntaron qué significaba su nombre en su idioma, el les contestó que significaba Dios recompensará. Al día siguiente antes de que Jaume llegara a dar clase, los “maestros” habían escrito en la pizarra: Jaume significa Dios recompensará y a nosotros Dios nos ha recompensado con Jaume.”
En la ronda de preguntas le felicitaron por su gran labor y su gran corazón. Mucha gente le preguntó que si podían irse a Bombay y como voluntarios para ayudar, él respondió que no era necesario irse hasta allí para ayudar y que además él lo que quería es que la gente de la India fueran los que le ayudaran en este proyecto. Que si querían podían ir pero para visitar al orfanato y que si querían podían dar una aportación económica mensual. Comentó que cada uno simplemente con una sonrisa podía alegrar el día de los que están a su alrededor.
“Me ha impactado mucho que una persona tan joven y con la vida ya resuelta lo entregue todo al servicio de los demás, sin importarle lo que piense la gente y las consecuencias que puede traerle. Otra cosa me llama mucho la atención es que Jaume al ver las injusticias sociales de la India no sólo se lamentó sino que se sintió responsable de ellas y se lanzó a resolverlas”.
Segunda Conferencia: William Rodríguez, Superviviente del atentado de las Torres Gemelas.
William era un trabajador de la limpieza de la torre Norte del World Trade Center y limpiaba todas las escaleras de este rascacielos. Todas las mañanas empezaba a trabajar a las 8.00 de la mañana, por la planta alta, donde había un restaurante que le invitaban a desayunar porque se había hecho amigo de los camareros del restaurante.
La mañana del 11 de septiembre de 2.001, William se había quedado dormido y llamó para decir que no iba a ir al trabajo, pero el encargado le insistió para que fuera porque nadie quería limpiar todas las escaleras. William decidió ir al trabajo y llegó una hora y media tarde, justo un cuarto de hora antes del impacto del primer avión (8.46) bajó al sótano 2 donde estaban las cosas de la limpieza y el encargado, estaba hablando con él de la planificación del trabajo cuando se oyó una gran explosión.
Todo el mundo se sobresaltó y se metieron debajo de los dinteles de las puertas creyendo que era un terremoto. William sabía que no era un terremoto, porque había sobrevivido a un atentado terrorista en 1.993, por lo que empezó a gritar a todos para que evacuaran el edificio. En ese momento apareció un trabajador que reponía las máquinas de comidas y bebidas, con los brazos completamente quemados gritando y corriendo como un loco, y nadie le ayudaba todo el mundo se espantó. William viendo que nadie lo ayudaba lo paró, le envolvió los brazos, lo sacó afuera donde estaba ya la primera ambulancia, y mientras tanto echaba a todo el mundo de la planta.
Al salir vio cómo la Torre Norte ardía y salía humo, se enteró por la radio de un agente de seguridad que había impactado un avión en la Torre y se acordó de sus amigos del restaurante, nadie quería entrar y de nuevo tomó el liderazgo y entró por los sótanos, donde rescató a varias personas más y las sacó.
Al volver a salir su encargado le pidió una llave maestra que abría todas las puertas del edificio. El tenía esa llave porque unos años antes, se cayó por las escaleras y nadie fue a socorrerle hasta muchas horas más tarde, por este motivo ganó un pleito a la compañía, y le dieron esa llave para evitar que se repitiera esa situación.
Con la llave, fue abriendo la puerta de todas las plantas a los bomberos y salvando a la gente. Pero al llegar al piso 32 los bomberos no podían seguir subiendo, estaban exhaustos de subir tantos pisos con el peso de los uniformes. El siguió subiendo, abriendo las puertas y sacando a gente que no sabía qué pasaba en el edificio, pues los que estaban dentro no sabían que un avión se había estrellado contra la Torre. Llegó al piso 39, el fuego estaba en el piso 43, que es donde se desplomó toda la Torre. Al llegar al piso 39 y ver que los bomberos no subían, bajó hasta donde estaban, para animarles a subir, pero los bomberos le dijeron que se fuera, que bajara a un minusválido que habían encontrado y que no volviera a subir. William les dijo que no, que iba a bajar al minusválido pero que volvería a subir pues tenía que ir a rescatar a sus amigos del último piso.
Al llegar al hall del edificio y salir, vio enfrente a un camión de bomberos y a ellos gritándoles que no mirara atrás y corriera, pero miró y vio montones de cuerpos alrededor del edificio de gente que se había tirado por las ventanas por desesperación. En ese momento empezó a correr porque el edificio se empezó a derrumbar y se refugió debajo de un camión de bomberos. Las llantas del camión de bomberos aguantaron, hasta justo el momento en que lo rescataron cuando reventaron.
William Rodríguez es otro hombre valiente y generoso, fue capaz de arriesgar su vida por salvar a muchas vidas e intentar salvar a sus amigos del restaurante. Tomó el liderazgo cuando debía de hacerlo, e hizo aquello que debía hacer en ese momento. William nos animó a que nosotros hiciéramos lo mismo que él, pero en el día a día, que hiciésemos aquello correcto en el momento preciso.
William se dedica actualmente a dar testimonio por todo el mundo de lo que sucedió en el 11 S, e intenta que en Estados Unidos no se consideren a los latinos como ciudadanos de segunda, que los vean como gente buena que sólo quieren trabajar y poder vivir con un sueldo digno. Además intentan que a las familias con víctimas en el 11 S que fueran latinas, también les den ayudas, aunque no fueran ciudadanos de Estados Unidos, ya que muchas de esas familias dependían económicamente de esos familiares que trabajaban allí.
Tercera Conferencia: Pedro García Aguado, Waterpolista Olímpico, autor del libro: “Mañana lo dejo”.
Conocido popularmente como Toto ha sido uno de los mejores deportistas que ha dado el waterpolo español. Campeón olímpico en Atlanta 96, campeón del mundo en Perth 98 y 565 veces internacional con la selección nacional absoluta, además de ser reconocido como mejor jugador de la liga española de waterpolo en el año 2.001.
Entre su larga trayectoria como deportista profesional se escondía una cara oculta, estaba inmerso en el mundo de las drogas, el alcohol y las fiestas nocturnas.
A los 12 años Pedro se inició en el mundo del waterpolo y al cumplir los 17 se fue, junto a su amigo del alma, Jesús Rollán, a Barcelona. El Club Natació Catalunya les hizo la primera oferta de su carrera por mediación del seleccionador nacional de entonces, Toni Esteller. Dijo en el club que en Madrid había dos juveniles que prometían y que se debían ir a Barcelona. El motivo era que allí no podían llegar más alto porque no había liga de más categoría.
Con 17 años y viviendo en una residencia en Barcelona, sin nadie que lo controlara, Pedro se desmadró por completo. Ese vivir sin límites le llevó a las fiestas, el alcohol y las drogas. Desde entonces, hasta los 35 años, la vida de Pedro fue una mezcla entre éxitos y fracasos. Fue exitosa porque llegó al más alto nivel como deportista, pero fracasó como persona al introducirse, cada vez más, en el mundo de las drogas.
Su adicción llegó a tal punto que tuvo que abandonar su carrera como deportista para ingresar en una clínica de desintoxicación.
Actualmente podemos ver a un Pedro totalmente nuevo, recuperado de su adicción y con ganas e ilusión de disfrutar de sus hijas, de su familia, de emprender una nueva etapa como terapeuta.
Esto es lo que Toto, como le llaman sus amigos, quiso transmitir, lucha y superación en la vida, pero sobre todo prevención, evitar caer en el horrible mundo de la noche, el alcohol y las drogas, porque aunque como él dijo…”pensamos que esto sólo daña a los indigentes, a los sin techo…pero la tentación está en todos lados, y es muy fácil caer en ella. Hoy gracias a la información estamos más al tanto de los riesgos, aunque nunca a salvo”.
Personalmente he de decir que me impactó su forma de expresarse. Era increíble cómo nos cautivó a todos. En un primer momento era la conferencia que menos me interesaba, pero tras escucharlo cambió por completo este prejuicio.
Cuarta Conferencia: Eduardo Verástegui, actor y productor mexicano de la película “Bella”.
El actor y productor mexicano de la película “Bella” se ha mostrado como un firme defensor de la vida, y ha demostrado su valentía con sus declaraciones a favor de los más indefensos. Su película obtuvo el People´s Choice Award en el Festival Internacional de Toronto.
Eduardo está interesado en producir películas que tengan el potencial de tocar la conciencia y los corazones de la gente, historias que eleven la dignidad de las personas. La misión que se ha propuesto Eduardo Verástegui es la de limpiar la imagen de los latinos en el mundo entero a través de las películas producidas por Metanoia Films.
Eduardo Verástegui empezó a trabajar a los 17 años cantando en un grupo que se llamaba “Kairo”. Viajes, discos, vídeos, telenovelas en México…La fama fue creciendo y cumpliéndose sus “sueños”. Ya sin el grupo siguió cantando como solista. En uno de sus viajes conoció un director de casting de la “Century Fox” y lo contrató para grabar películas en Hollywood.
A sus 28 años por exigencias de un guión, decidió aprender inglés, con jornadas de estudio de ocho horas al día, en siete meses. Su profesora, resultó ser una católica convencida que sembró en él la inquietud por buscar la verdadera felicidad.
“Después de doce años de carrera, de lograr todos esos sueños que pensé que me iban a dar la felicidad, de haber llegado de un pueblo chiquito a Hollywood, de hacer una película en inglés, de tener 12 managers, publicistas, agentes, abogados, todo tipo de personas trabajando para lanzar el próximo “Latin lover, Don Juan, casanova”; y de pronto ¡confundido, porque no era feliz! Y claro: mexicano, católico practicante; según yo practicaba porque iba a Misa una vez al año y traía un Rosario colgado”. Así narraba su cambio de rumbo.
Pero la cosa seguía, se complicaba y cada momento impresionaba más. “Si amas tanto a Dios como dices- le dijo la maestra-llevas el Rosario, tienes una Virgen en tu casa, vas a Misa una vez al año y crees que lo estás sirviendo, ¿por qué le insultas tanto? Y ahí empezaron las lágrimas. Pasó tres meses llorando. Gracias a Dios me di cuenta de que estaba viviendo en una incoherencia total, en contradicciones continuas”, recuerda.
Más tarde fue a hablar con un sacerdote, que le animó a constituir una productora de cine. “Allí donde está la oscuridad, ahí debes estar porque si Dios cerró los ojos ahí, necesitamos ser una luz en la oscuridad”, le sugirió esa persona.
En este proceso tuvo un apoyo importante. El libro “Roma, dulce hogar” de Scott y Kimberly Hahn (ed. Rialp) le ayudó mucho a discernir. Y acabó con la idea de crear “Metanoia Films”, “porque la palabra metanoia significaba conversión en griego, y eso es lo que me había sucedido”.
En noviembre de 2.004, acuciado por las deudas, e invitado por el amigo sacerdote, fue a Roma, saludó a Juan Pablo II y le presentó “Metanoia Films”. Una semana después conoció a Sea, un católico que le compró parte de la compañía y le dio el dinero para hacer la película.
Como la temática lo exigía, antes de iniciar el rodaje de “Bella” decidió ir a una clínica de abortos para hablar con alguna chica. “Cuando llegué empecé a ver a estas chicas entrando. Niñas de 15 a 23 años, en su mayoría latinas…¡No pude ni hablar! Obviamente ni decirles ¡Fíjate que estoy haciendo una película, me gustaría saber el dolor que traes para…”¡No pude! Me quedé mudo y lo único que hice fue observar a la gente que estaba fuera tratando de convencerlas con sus panfletos, con todo lo que les estaban contando”
Terminó hablando con una joven que le había reconocido. La llevó a otro sitio, y se pusieron a hablar y a hablar. Eduardo le enseñó un vídeo pro-vida, le regaló cosas, le habló de la belleza de ser portadora de una vida… y al final la joven se subió al coche de su marido y no abortó.
El propósito de la película “Metanoia Films” es salvar muchas vidas. Que cualquier chica embarazada que quiera abortar y vea la cinta, quede tocada en su corazón y cambie su decisión.
Fue un testimonio cargado de muchos valores, y aunque ya había escuchado anteriormente su historia he de decir que no deja de impresionarme. He visto su película y sólo deciros que estoy deseando que saque ya otra. Sólo de pensar en todas aquellas personas que se han podido ver reflejadas en la protagonista y la cantidad de vidas inocentes que se han podido salvar…Es maravilloso que exista gente así, y aun más en ese mundo, que tanto mueve, tanto da, y tanto quita…